
Entre 1968 y 1972, el científico estadounidense John B. Calhoun construyó lo que llamó “Universo 25”: un paraíso para ratones con comida y agua ilimitadas, refugios seguros, sin depredadores ni peligros. El sueño de cualquier ratón.
Al principio, todo fue un éxito. La colonia crecía sin parar: 📈 de 8 ratones iniciales, en menos de un año ya eran más de 600.
Pero entonces comenzó lo inesperado. Alrededor del día 317, y en medio de la abundancia absoluta, la sociedad de ratones comenzó a colapsar.
- Los machos dominantes se volvieron violentos y territoriales.
- Las hembras abandonaban o mataban a sus crías.
- La reproducción cayó en picada.
- Los ratones jóvenes dejaron de sobrevivir.
- Surgió un grupo extraño: los llamados “bellos”, ratones que vivían aislados, se acicalaban compulsivamente y se negaban a reproducirse o a interactuar con los demás.
La colonia entró en una espiral de decadencia. En menos de 4 años, a pesar de la abundancia de recursos, el resultado fue inevitable: la extinción total.
⚡ Lo más perturbador: Calhoun repitió experimentos similares en distintas condiciones y el final siempre fue el mismo.
Sus datos fueron contundentes:
• A los 315 días, el crecimiento poblacional se estancaba.
• Después de los 600–700 individuos, la violencia y el aislamiento destruían la cohesión social.
• En menos de 4 años, todas las colonias se extinguían.
🪞 Un espejo para la humanidad:
Este resultado inquietante me recuerda lo que C.S. Lewis escribió en El gran divorcio: el infierno no era, en su imaginación, un lugar de escasez, sino de exceso. Allí, la gente obtenía lo que quería con solo desearlo… y eso los volvía agresivos, intolerantes y cada vez más aislados.
La lección no es que la escasez o la pobreza sea buena en sí misma. Más bien es que, luego de la caída del hombre en el pecado, Dios permitió la escasez de recursos en el universo (“ganarás el pan con el sudor de tu frente”) de manera que nos obliga a cooperar, a trabajar juntos, a depender unos de otros, a crecer en solidaridad, de lo contrario, nos autocondenamos a extinguirnos como especie.
Cuando hay necesidad, nace la empatía; cuando hay límites, surge la cooperación. Pero solo es posible cuando entendemos que todos somos valiosos, que todos importamos, que la imagen de Dios nos hace sujetos de derechos y que debemos respetarnos mutuamente.
La abundancia material por sí sola no garantiza el bien de nadie, ni la supervivencia de la especie.
Sin moralidad y ética, sin compasión y misericordia, sin gracia y perdón, la más grande abundancia puede convertirse en un infierno.
💡 “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
San Mateo 22:37-39 RVR1960
Deja un comentario