
Resumen, adaptación y reflexiones sobre la Carta #3
Tras explorar cómo Escrutopo aconseja a Orugario usar las imperfecciones de la iglesia en la Carta #2, en esta tercera carta nos muestra otra táctica: corromper las relaciones cercanas para alejar al creyente del amor. Las tensiones familiares, si no se abordan con gracia, pueden convertirse en un campo de batalla espiritual. Esta carta nos invita a reflexionar sobre cómo el enemigo usa nuestras irritaciones cotidianas para dividirnos. Acompáñanos a descubrir sus astucias y cómo la gracia de Dios prevalece.
Mi Querido Orugario:
Me alegra mucho lo que cuentas sobre la mala relación del paciente con su madre, pero debes aprovechar esta ventaja. El Enemigo podría influir pronto en ese vínculo, corrigiendo su conducta hacia ella, así que actúa rápido.
Trabaja con Gluboso, el demonio asignado para tentar a la madre, para crear un hábito en esa casa donde se irriten mutuamente cada día. Es básicamente la misma estrategia que seguimos en los matrimonios. Aquí tienes algunas recomendaciones:
- Mantén al paciente obsesionado consigo mismo, enfocado sólo en su mundo interior. Hazle creer que su conversión a Cristo es algo exclusivamente interna, que debe analizar sus propios estados de ánimo, pero evita que vea sus defectos de comportamiento más evidentes, los que cualquiera en la casa o el trabajo nota fácilmente, como su mal humor o falta de amabilidad.
- Por supuesto, no puedes evitar que ore por su madre, pero haz que sus oraciones sean ambiguas y egoístas. Que se “preocupe” siempre por el alma de ella, pero nunca por cosas prácticas como su reuma. Que le importe mucho su “salvación”, pero nunca su salud. Así, se enfocará en criticar lo que considera “pecados” de su madre—cualquier cosa que le irrite, como su forma de hablar—y seguirás avivando su fastidio, incluso mientras ora. Con el tiempo, sus oraciones serán por una madre imaginaria, desconectada de la real.
- Explota los gestos que detesta. Resalta en su mente esa manera de levantar las cejas que tiene la madre, que él ha odiado desde niño, y hazle pensar que lo hace a propósito para molestarlo. Evita que note que él también la irrita con sus propios gestos o tonos de voz, pero que obviamente él que no puede verse ni escucharse.
- Fomenta un odio sutil en sus discusiones. Que él exija que sea juzgado por sus palabras literalmente, pero juzgue las de su madre por el tono, el contexto y la intención que él se imagina. Haz que la madre haga lo mismo con él. Así, ambos creerán que son inocentes tras cada pelea, aunque digan cosas para herirse, como preguntar por la cena en un tono arrogante, o ser ofensivo al hacer bromas, y luego se quejen de la reacción del otro.
Reflexión: Esta carta nos confronta con la astucia del enemigo al usar nuestras prioridades espirituales para descuidar el amor práctico en el hogar, creando tensiones que apagan el testimonio de nuestra fe. Nos llama a equilibrar nuestra devoción: orar por la salvación de nuestros seres queridos es esencial, pero también lo es atender sus necesidades físicas y emocionales con amabilidad y gentileza. Que nuestro hogar sea un reflejo de Cristo, donde cada gesto glorifique al Señor y fomente unidad, como nos enseña Efesios 4:32: «Sed benignos unos con otros, misericordiosos».
La carta continúa:
Por último, dime si la madre siente celos de la nueva fe de su hijo. ¿Le molesta que haya aprendido esto de otros tan tarde, cuando ella cree que se lo enseñó de niño? ¿Piensa que exagera y que es un fanático, o que no lo toma en serio y es un hipócrita? Hazla que se comporte como el hermano mayor del Hijo pródigo, esa horrible historia contada por el Enemigo.
Con cariño,
Escrutopo
Reflexión: Este último párrafo expone una táctica del enemigo para avivar resentimientos y celos dentro de la familia, manipulando las inseguridades de la madre hacia la fe renovada de su hijo. Nos desafía a reflexionar sobre nuestras propias reacciones: ¿hemos sentido envidia o incredulidad ante el crecimiento espiritual de alguien cercano, comparándolo con nuestra propia jornada? En lugar de imitar al hermano mayor del Hijo Pródigo, que se resintió por la gracia recibida por otro (Lucas 15:29-30), pidamos al Espíritu que nos llene de gozo por la obra de Dios en los demás, celebrando la gracia de Dios para la salvación en otros tanto como en nosotros.
Esta carta nos desafía a mirar nuestras relaciones más cercanas. ¿Dónde te ha tentado el enemigo a irritarte o juzgar? Esta semana, busca un gesto de amor hacia alguien con quien tengas tensiones. Comparte tu experiencia en los comentarios; me encantaría aprender contigo cómo fortalecemos nuestras familias en fe.
Un abrazo,
Eddie
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